Uno de los descubrimientos más inesperados en la historia reciente de la farmacología ha surgido de los consultorios de obesidad: pacientes tratados con semaglutida para perder peso comenzaron a reportar espontáneamente una reducción drástica en su deseo de beber alcohol, fumar o jugar a las máquinas tragaperras. Lo que empezó como observaciones anecdóticas se ha convertido en un área de investigación clínica seria. En 2025, un ensayo aleatorizado publicado en JAMA Psychiatry demostró que la semaglutida en dosis bajas reduce significativamente el craving (deseo compulsivo) de alcohol y el número de bebidas por día en personas con trastorno por uso de alcohol. Actualmente hay al menos ocho ensayos clínicos en curso evaluando agonistas GLP-1 para diferentes adicciones, y se están planificando ensayos de fase 3 con semaglutida para el trastorno por uso de alcohol. La FDA no ha aprobado ningún GLP-1 para tratar adicciones, pero la evidencia acumulada sugiere que estos fármacos actúan sobre circuitos cerebrales de recompensa que son comunes a la obesidad y las conductas adictivas.
El sistema de recompensa dopaminérgico: el vínculo entre obesidad y adicción
La conexión entre los agonistas GLP-1 y las adicciones no es casualidad farmacológica — refleja una realidad neurobiológica profunda. El sistema de recompensa del cerebro, centrado en la vía mesolímbica dopaminérgica (que conecta el área tegmental ventral con el núcleo accumbens), regula la motivación para buscar estímulos placenteros. Este circuito evolucionó para dirigir el comportamiento hacia la comida y la reproducción, pero responde de forma similar al alcohol, la nicotina, el juego de azar y otras sustancias o conductas adictivas.
Los receptores de GLP-1 se expresan abundantemente en las regiones cerebrales del circuito de recompensa: el área tegmental ventral (VTA), el núcleo accumbens, la amígdala y la corteza prefrontal. Cuando la semaglutida activa estos receptores, modula la liberación de dopamina en respuesta a estímulos de recompensa — reduce el pico de dopamina que produce el alcohol o la comida hiperpalatable, atenuando el "subidón" que refuerza el comportamiento repetitivo. Este efecto no elimina el placer por completo, sino que normaliza una respuesta dopaminérgica que en personas con adicción o con obesidad está desregulada al alza.
Los estudios preclínicos con animales proporcionaron las primeras evidencias sólidas. En ratas con acceso libre al alcohol, la administración de semaglutida redujo el consumo voluntario de alcohol en un 40–60 %, sin afectar la ingesta de agua o la actividad locomotora. En modelos de autoadministración de cocaína, los agonistas GLP-1 disminuyeron la búsqueda de la droga. En ratones condicionados a la nicotina, la exenatida redujo los comportamientos de búsqueda asociados al tabaco. El patrón era consistente: los GLP-1 atenuaban la respuesta de recompensa a múltiples sustancias adictivas, sugiriendo un mecanismo general sobre el circuito dopaminérgico más que un efecto específico sobre una sustancia concreta.
El ensayo de JAMA Psychiatry: semaglutida y trastorno por uso de alcohol
El estudio que transformó las observaciones anecdóticas en evidencia clínica fue un ensayo de fase 2 aleatorizado, doble ciego, controlado con placebo, publicado en JAMA Psychiatry en 2025. El ensayo incluyó adultos con diagnóstico de trastorno por uso de alcohol (AUD) moderado a grave, que recibieron semaglutida en dosis bajas o placebo durante nueve semanas.
Los participantes tratados con semaglutida mostraron:
El ensayo no fue diseñado para demostrar abstinencia completa, sino para evaluar la reducción del consumo — un paradigma de tratamiento llamado "reducción de daño" que es cada vez más aceptado en la medicina de adicciones. Los resultados fueron suficientes para justificar ensayos más amplios, y actualmente al menos cuatro estudios con semaglutida oral o inyectable están evaluando su eficacia en AUD, dos de los cuales ya han completado la fase de reclutamiento.
La importancia de estos hallazgos se amplifica al considerar las limitaciones de los tratamientos actuales para el alcoholismo. Solo tres fármacos están aprobados por la FDA para el trastorno por uso de alcohol: naltrexona, acamprosato y disulfiram. Su eficacia es moderada, su adopción por los pacientes es limitada, y los índices de recaída siguen siendo altos. Un fármaco que reduzca simultáneamente el craving de alcohol y el peso corporal — dado que muchos pacientes con AUD tienen sobrepeso u obesidad — podría cambiar radicalmente el abordaje terapéutico de esta enfermedad.
Más allá del alcohol: tabaco, juego patológico y otras conductas compulsivas
La evidencia sobre GLP-1 y adicciones se extiende más allá del alcohol. En el propio ensayo de semaglutida para AUD, un análisis secundario de los participantes fumadores mostró una reducción del número de cigarrillos diarios respecto al grupo placebo. Un ensayo aleatorizado anterior con exenatida (Byetta) — otro agonista GLP-1 — demostró que el fármaco mejoraba las tasas de abandono del tabaco cuando se combinaba con parche de nicotina, comparado con el parche solo.
En el ámbito de las adicciones conductuales, los datos son más preliminares pero igualmente sugestivos. Reportes de casos y estudios observacionales han documentado reducciones en conductas de compra compulsiva, juego patológico y atracones alimentarios en pacientes tratados con agonistas GLP-1 para obesidad o diabetes. Estos relatos son consistentes con la hipótesis neurobiológica: si los GLP-1 modulan el circuito de recompensa de forma general, su efecto debería extenderse a cualquier conducta mediada por dopamina, no solo a sustancias químicas.
La Endocrine Society publicó en 2025 una revisión destacando el potencial de los GLP-1 para el tratamiento de adicciones, señalando que la convergencia de datos preclínicos, observacionales y del primer ensayo aleatorizado configura un caso suficiente para una exploración clínica ambiciosa. El campo se encuentra en una etapa temprana pero prometedora, con ensayos de fase 3 planificados que podrían conducir a la primera aprobación de un GLP-1 para una indicación psiquiátrica en los próximos años — un hito que transformaría la percepción de estos fármacos de "medicamentos para adelgazar" a tratamientos neuropsiquiátricos de amplio espectro.
Implicaciones para los pacientes y el futuro de la investigación
Para pacientes que toman semaglutida u otros agonistas GLP-1 para obesidad o diabetes y notan una reducción espontánea en su consumo de alcohol o tabaco, estos datos proporcionan una explicación neurobiológica a lo que experimentan. No se trata de un efecto placebo ni de un cambio de estilo de vida secundario a la pérdida de peso — los receptores GLP-1 cerebrales median directamente la respuesta de recompensa, y su activación farmacológica altera genuinamente la relación del cerebro con las sustancias adictivas.
La FDA todavía no ha aprobado ningún agonista GLP-1 para el tratamiento de adicciones, y los médicos no deben prescribir semaglutida con esta indicación fuera de ensayos clínicos. Sin embargo, para pacientes que ya reciben tratamiento con GLP-1 para obesidad o diabetes, la reducción del consumo de alcohol o tabaco es un beneficio colateral documentado que los clínicos pueden aprovechar terapéuticamente — reforzando la motivación del paciente y ajustando el plan de tratamiento integral.
Los ensayos de fase 3 en curso representan el próximo paso decisivo. Si confirman los resultados preliminares, semaglutida podría convertirse en el primer fármaco aprobado simultáneamente para obesidad y adicciones — dos condiciones que comparten raíces neurobiológicas y que afectan a millones de personas en España y en el mundo. Para conocer más sobre los efectos de los GLP-1 más allá de la pérdida de peso, consulta nuestro artículo sobre los efectos secundarios de Ozempic y la guía sobre medicamentos GLP-1 y diabetes.